New York, la hermosa
Te deseé mucho antes de pisarte. Te busqué en la voz de Frank Sinatra en “New York, New York” y en el ritmo del Gran Combo de Puerto Rico en “Un verano en New York“; me conquistaste con las maratones de Friends en casa de la chata y me obsesioné contigo tras ver la película Night at the Museum, alucinando con que tus personajes cobrarían vida ante mis ojos.
Y un día, simplemente ocurrió: tuve la oportunidad de conocerte y la tomé. No me importó que me recibieras con una de las peores tormentas de frío de tu historia; te disfruté con la intensidad de una adolescente perdidamente enamorada. Incluso hoy, sigo suspirando al ver las fotos o recordarte.
El frío que me hizo sentir pequeña
Te sentí en tu frío más crudo, ese que no se veía en veinte años. Fue un domingo 25 de enero, con -10ºC y un manto de hielo de 20 cm. Sentí la rabia de la nieve cuando nos canceló The Book of Mormon en Broadway tras caminar bajo la tormenta. Sentí el miedo —ese vértigo sagrado— al subir al piso 86 del Empire State; allí, frente a tus edificios infinitos e iluminados, me sentí diminuta en una ciudad gigante.
Pero también te sentí en el contraste: esa tarde en el QC Spa de Governors Island, entrando a la piscina outdoor con las toallas congeladas, mientras Manhattan brillaba al frente, tan imponente, tan grande.

El sabor de tus calles
Te disfruté en la mesa, en esa danza de cocinas del mundo. Me alojé en China Town, entre el bullicio de los negocios orientales, y me dejé seducir por Little Italy. Entre los aromas de Zia Maria y la variedad infinita de noodles, pizzas, bagels, me enseñaste que en New York se puede probar el mundo entero; allí siempre hay un lugar esperando por cada antojo.
El respeto ante tu historia
Te respeté en tus Museos. En Park Avenue encontré un santuario que me detuvo el corazón: el AKC Museum of the Dog. Como productora de ‘Bazar de Historias Peludas’, no podía dejar de admirar este tributo a la lealtad y al arte canino. Ver la historia contada a través de los ojos de nuestros compañeros de cuatro patas fue revelador; una confirmación de que sus historias merecen ser narradas y honradas en todo el mundo.

Disfruté de tus clásicos en el MoMa: La noche estrellada de Van Gogh, Water lilies de Monet, Autoretrato con pelo corto de Frida Kahlo y otras obras de arte. Descubrí ahí mismo a Ruth Asawa y su increíble capacidad para ser mil artistas en una sola mujer. En el National Museum, frente a tus dinosaurios, valoré el peso del tiempo y nuestra locura humana por tratar de entenderlo todo.
La danza de la tecnología y el caos
Vi tu futuro y me subí a él: mi primer Tesla de conducción autónoma. Ver que el timón se movía solo fue una fascinación absoluta.
Te bailé en mi noche de llegada en Bryant Park y bajo las luces eléctricas de Times Square. Encontrar el «Carlo’s Bake Shop» fue un viaje al corazón de mi propia historia; la tienda de Buddy Valastro fue la chispa que nos motivó a mi hermana y a mí a abrir Tentación Huamanguina, un lugar para soñar con tortas espectaculares e imposibles como las de Buddy.
Caminé por Wall Street entre lanzamientos de bolsa y café gratis, tocamos al toro y me paré firme junto a la Fearless Girl. Y luego, te agradecí en silencio durante esa sesión de Hot Yoga en Humming Puppy. Treinta personas en la oscuridad de las velas, una danza de fuego que terminó en un savasana donde solo existían los cuencos y el suspiro de una mente calmada.

Pasión y estructura
Me hiciste sentir una pasión alocada en el templo budista Mahayana, viendo a los monjes Zen orar frente al Buda gigante; de esos momentos donde la piel se escarapela y el alma se expande. Toqué tus raíces en la iglesia Saint Paul de 1766 y crucé el puente de Brooklyn admirando la ingeniería que sostiene tus islas y soñando con Ahumudo internacional.

Amé tu sistema de transporte, tus trenes interconectados y el flujo de tu sistema contactless. Amé tu mezcla de colores, de pieles, de idiomas. Contigo, parece que todo es posible, porque es New York, ¡fucking New York!.
El aplauso final
Disfruté la ópera Carmen en el Metropolitan Opera hasta las lágrimas y me reí como una niña con mi primer musical en vivo en Broadway: The Death Becomes Her. Pero sobre todo, amé a tu gente: a nuestro gran amigo Beto que nos llevó al Brooklyn Bridge y al Central Park, a Paul llevándonos por el mejor pato de China Town, y a latinos hermosos como Tutú, Juan el actor cubano, Sebastián en el rooftop Crown y José, el chileno carismático.
Me diste una lección de resiliencia: una metrópoli que no paró tras la tormenta. Vi a tu gente esquiar en el Central Park congelado, llevando a sus bebés en carritos de nieve. Entendí que tu infraestructura es solo el reflejo de tu espíritu: incluso en la peor tormenta, el sistema sigue, la calefacción calienta y la vida no se detiene.
Claro que no todo es perfecto. Pero como una adolescente perdidamente enamorada… hoy decido solo mirar tu cara bonita.
It’s up to you, New York, New York.



4 comentarios
Gracias Sarita por compartir esta nueva experiencia. New York: Futurista en infraestructura, arte, innovación y resiliencia ante los embates de la naturaleza. Su hermoso museo AKC of the dog nos lleva a reflexionar por el respeto a los animales.
Sarita, wuaoo me quedé sorprendida Nueva York por algo lo llaman Capital de mundo.
Me teletransporte con al narración ✨
Gracias Gabyto por leerme. love you!